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Desesperanza aprendida (Acerca del optimismo, 2a parte)

optimistapesimistaEn pasados postempecé a hablar acerca del optimismo, pero ¿cuáles son las características distintivas de las personas optimistas y de las que no lo son?, para hablar acerca de esto, analizaremos la siguiente historia:

Dos ratoncitos cayeron al mismo tiempo en dos vasijas que contenían leche. El primer ratoncito pensaba: “No podré salir de este cacharro, porque las paredes son muy lisas, ya he escuchado anteriormente acerca de muertes como esta. No podré respirar en la leche, voy a asfixiarme, estoy perdido.” Y, ante esto que pensaba dejó de intentar hacer algo para salir de la vasija y en efecto, se asfixió y murió.

El segundo ratoncito no sabía tampoco qué hacer; pero al contrario que el primer ratoncito, él pensaba que debía de haber algo que pudiera hacer para salir de la vasija, “posiblemente mi situación pueda ser diferente a la de otros que he escuchado que no han podido salir de estas situaciones”, entonces el ratoncitó trató de hacer algo y se agitó en todos sentidos. Como se estaba moviendo continuamente, batió la leche con tanto vigor que ésta se transformó en mantequilla. El ratoncito entonces se sentó sobre la mantequilla y pudo respirar libremente.

¿Qué rasgos distinguen a estos dos ratoncitos? ¿qué impidió al primer ratoncito intentar salir de la vasija de leche? ¿qué permitió al segundo ratoncito seguir luchando? En este post empezaré analizando de manera general al primer ratoncito, al que podríamos denominar como “pesimista”. En especial, quiero ahondar en un concepto denominado “indefensión o desesperanza aprendida”, caracterizado porque la persona piensa que la situación que enfrenta está totalmente fuera de su control, debido a esto es que asume una postura de “parálisis psicológica” y no hace ningún esfuerzo por tratar de cambiar la situación que enfrenta (por ejemplo “de nada sirve que estudie para el examen de matemáticas, porque haga lo que haga siempre sacó malas calificaciones”, “mejor no le hablo a esa chica, porque sé que siempre les caigo mal a ellas”). Es común que este desamparo se haya generado de alguna situación donde en realidad la persona haya estado indefensa ante una situación, sin embargo este pensamiento de indefensión se generaliza a todas las situaciones posteriores, aunque ya se tenga posibilidad de control. Esta “indefensión aprendida” es un aspecto psicológico clave en el trastorno de depresión y se puede caracterizar por los siguientes tres elementos:

  1. Permanencia: las personas que tienen un estilo de pensamiento pesimista tienden a pensar que las Desesperanzasituaciones negativas que les suceden van a repetirse siempre, por ejemplo, el primer ratoncito ya sabía acerca de situaciones parecidas a las que se enfrentaba y pensó que si otros ratoncito no habían podido escapar entonces el tampoco lo podría realizar, en otros casos, también pensamos que por haber tenido en nuestro pasado ciertos resultados negativos, siempre vamos a tener los mismos resultados -a pesar de que las circunstancias en cada situación puedan variar.
  2. Globalidad o alcance de la situación: en este rasgo, el pensamiento pesimista tiende a pensar que los resultados adversos que tenemos en una situación marcan a nuestra persona de manera total, por ejemplo, en lugar de pensar que saqué una mala calificación debido a que no estudié el tiempo suficiente, no revisé mis apuntes y por lo tanto no los pusé al corriente (que sería pensar que mi resultado se debió a fallas en aspectos especifícos de loq ue hice o deje de hacer), se piensa que se debe a una falla total de mi persona (“esto es una señal de que yo no nací para la escuela, es algo que debo entender, no tengo la habilidad para estudiar, soy un fracaso total”).
  3. Causa: finalmente, en este estilo pesimista se tiende a pensar que el único responsable de la situación es uno mismo, lo que lleva a la autoculpa “es mi culpa haber fracasado, no merezco tener otra oportunidad, eche a perder mi carrera”. Si bien es cierto que hay situaciones que son nuestra responsabilidad, en estos casos esta “autoculpa” nos lleva sólamente a castigarnos a nosotros mismos  y en los peores casos las personas quedan atrapadas en una “rumiación mental” donde la persona regresa una y otra vez a estos sentimientos de culpa. Por ejemplo, si el primer ratoncito en lugar de haber muerto sólo se hubiera quedado atrapado en el fondo de la vasija, seguramente estaría pensando a cada momento “que era su culpa”.

Es importante reflexionar que tan continuamente podemos caer en estos tipos de pensamiento, ya que pueden conducir a esta desesperanza aprendida, lo que a su vez, como ya mencioné puede llevar a desarrollar un trastorno depresivo. En los siguientes post hablaré de las características del pensamiento optimista y de alternativas para modificar pensamientos pesimistas.

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